¡Chales! (en honor a Gade, por aquello de sus palabras iniciales en cada comentario) yo sí que tengo una chabacana suerte para toparme con cada depravado que ¡qué barbaridad! No sabía si lanzarme a escribir sobre esta membrilla experiencia, porque ya había narrado una, sí aquella acaecida en la sala de la cineteca, pero bueno, todo sea por la seguridad de las futuras compañeras que acudan a su biblioteca más cercana.
Todo comenzó aquel miercoles 14 de septiembre. Me presenté puntual por la mañana para extirpar toda aquella util bibliografía para mi tesis. ¿Dónde? En la biblioteca central. Después de una ardua selección de material hemerográfico y de libros, ascendí al tercer piso con la finalidad de continuar con la búsqueda minuciosa. Me interné, silenciosamente, en uno de los angostos pasillos y sólo pasaron dos minutos cuando me percaté de que a mi costado, un extraño muchacho con aires de nerd dizque buscaba intensosamente algún libraco.
En principio, no le puse mucha antención, sino hasta que me di por aludida al sentir su cercanía, pues su rostro estaba a sólo algunos centimetros de mis extremidades inferiores. ¿Qué, qué, qué? De modo que me alejé furiosamente, sus ojos habían violado la intimidad de mis piernas. Lo odié, me dio asco.
Y eso que sólo me había mirado. Tonta de mi, ya me decía mi abuelita "ay chamaquita no me digas que vas a salir con ese pedazo de tela". Reflexioné sobre el largo de mi falda, pues si nomás me llegaba arriba de las rodillas como aquellas de la secundaria. Total, que por unos segundos me reproché mi atuendo poco apropiado para acudir a una biblioteca a levantar pasiones.
Pero, ¿cuál fue mi sorpresa? al ver que el chamaco dizque estudiante, dizque lector, dizque universitario, andaba de pasillo en pasillo agachandose para descubrir entre los pequeños espacios de los anaqueles a una que otra señorita desprevenida que hiciera alguna posición sugerente, que no sexual para su mente enferma.
No es que sea una persignada o algo así por el estilo, pero estarán de acuerdo conmigo en que hay lugares para la bonita excitación, o incluso hay personas. Eso de andar mostrando los "aquellitos" en pleno despertar a las muchachitas serias y recatadas, por las instalaciones de las bibliotecas no es como que muy antojable. Bueno, quizás sí, pero mmmm...bueno...ejem, en otras circunstancias ¿no creen?
En fin, lo peor no fue nada de esto que les acabo de contar, sino que hoy fuí también y el maldito pervertido estaba rondando por ahí, en busca de nuevas pollitas que sacien su insatisfecho deseo carnal. Así que ya saben mujeres, si alguien se les arrima con sospechosísmo ¡aguas! y para los hombres pus igual.